miércoles, 12 de noviembre de 2008

Todo un planeta que ignoraba desconocer

¡Qué solidez la del ignorante!. Leer Planeta Web 2.0[1] ha sido como leer el libro del Apocalipsis: una revelación tras otra, todo lo oculto era nombrado y descripto. Leía sin entender (sigo así), quizás tenga el corazón endurecido (o la conexión lenta), y son noticias que me provocan espanto y alegría a la vez, conocer la existencia de un planeta distinto dentro de este mundo tan pisado. No necesitaré que de mi cuerpo se desprenda el alma, podré transformarme en un avatar (o un telemuñeco o un nick o un blog o un flickr) para vivir otra vida en el ciberespacio, donde no hay arriba ni abajo, donde se alcanza, sino la eternidad, la infinitud a través de la multiplicación de los enlaces.
El espanto me lo provoca la Ley de Moore Semántica[2], por la velocidad de generación de nuevos términos, todos asociados a nuevas aplicaciones. No se trata de lo mismo nombrado de otra manera (asalto=pijama party), sino de diferentes cosas, muchas veces son evolución de las anteriores, pero se independizan con sus nombres. Las ideas fluyen en pensamientos efímeros, como “slogans”, el espacio terminológico se reconfigura en poco tiempo, lo novedoso se torna obsoleto rápidamente. Este vértigo se acelerará en la próxima Web 3.0, aunque si fuera así, la siguiente a la Web 2.0 no merecería recibir un nombre tan “lineal” como ese. Aunque señalan los autores que no significa un total desplazamiento sino que las aplicaciones conviven.
Soy una inmigrante digital, estoy en pleno trámite de naturalización por opción, si siguen cambiándome la geografía, me deportan.
El fenómeno característico de la Web 2.0 son las aplicaciones que posibilitan la generación y distribución del conocimiento (intercreatividad y colectivización). El rumbo de la Web 2.0 es el que la comunidad hacker soñó en el pasado, y contiene la base de su sistema: la inteligencia colectiva concebida como un modelo abierto centrado en el libre intercambio de conocimientos[3].
Para llegar al objetivo, una breve referencia a los dos conceptos mencionados de intercreatividad y colectivización[4], por hacer posibles los siguientes. El primero, desarrollado por Tim Berners-Lee (1996) como la cooperación productiva, crear con otras personas para alcanzar un grado de conocimiento que beneficie y enriquezca a todos los que participan de esta interacción. Emparentado el concepto del subóptimo paretiano de que siempre es posible mejorar los formatos y productos en el proceso abierto de compartir conocimientos.
El segundo de los conceptos, desarrollado por Pierre Levy (1997), se refiere a la existencia de un saber colectivo, que está distribuido donde exista un grupo de personas que sea capaz de colaborar con su conocimiento para lograr metas en forma colectiva. Los dispositivos tecnológicos permiten mediar entre estas inteligencias individuales, y aprovechan la sinergia[5] del colectivo.
Tres ejemplos que materializan esta filosofía de la apertura son la Creative Commons (ONG que promueve el intercambio libre de software y obras de artistas), Folksonomía (etiquetado social que organiza la información en categorías libres, uno de ellos del.icio.us) y el Colaboratorio (un ámbito virtual donde, a modo de laboratorio, se realizan aportes en relación a un determinado proyecto de investigación, como Wikipedia).
Los hackers, tal cual hippies cibernéticos, profetizan un planeta mejor que funciona bajo la lógica de la abundancia al compartir conocimiento para lograr más y mejor conocimiento; como el hippie clásico daba su amor para multiplicarlo en el mundo.
Pero no se puede vivir del amor, las cuentas no se pueden pagar con amor[6], entonces ¿de qué vive la red?. Los autores definen la estructura triangular de la Web 2.0: tecnología, comunidad y negocio. ¿Y dónde está el negocio si el mismísimo Peter Drucker, gurú de los negocios, señaló que, antes que Internet, el negocio del siglo era la acuicultura?. Es el factor más enigmático del futuro mediato, aunque se pueden señalar tres: hardware (la Mobile Web 2.0 ya lo anticipa[7]), servicios especializados corporativos y publicidad. El precio será, entonces, convivir con la octava plaga: los pop-up (y sus evoluciones).


[1] Cobo Romaní, C y Pardo Kuklinski, H. (2007) Planeta Web 2.0 Inteligencia colectiva o medios fast food. Grup de Recerca d’Interaccions Digitals, Univ. de Vic. FLACSO México. Barcelona/México DF Capítulos 1 y 2
[2] Cobo Romaní, C. y Pardo Kuklinski, H. (2007) op citada, Cap. 1
[3] Cobo Romaní, C. y Pardo Kuklinski, H. (2007) op citada, Cap. 2
[4] Cobo Romaní, C. y Pardo Kuklinski, H. (2007) op citada, Cap. 2
[5] Sinergia se refiere a que el resultado final obtenido por la interacción de ciertos elementos es superior al que se obtendría sumando los resultados alcanzados por cada elemento en forma individual. En sinergia: 2 + 2 = 5
[6] Calamaro, Andrés (2000) No se puede vivir del amor Álbum El Salmón. Dro East West/Gasa – Warner Argentina, Dedo 3 Pista 2
[7] Cobo Romaní, C. y Pardo Kuklinski, H. (2007) op citada, Cap. 6

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